¡Vaya!, al parecer, Pedro se siente tan solo en sus líneas, patrocinadas por el silencio y el olvido, que ha decidido venir a visitarme. A robar mi espacio. Entiendo a Pedro. La necesidad de salir de sí, para encontrarse con el otro ( o los otros). Ese suplicio por ser escuchado, leído, tomado en cuenta, es suficiente para incitarlo a realizar actos que otros reprochan, pero que nadie, en lo absoluto, conoce.
Es como al pasar junto a alguien, prejuzgamos al punto de producirnos compasión o repugnancia.
Pobre Pedro. Tan solo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario